Las hipotecas de alto peligro o ‘créditos hipotecarios subprime’ nos dieron una importantísima lección: en el mundo globalizado de hoy día, cualquier problema o crisis económica, por lejana que parezca, puede finalizar colándose en casa, en el salón, en el comedor. Es decir afectar directamente al bolsillo. Y la inestabilidad del compromiso soberano de la zona euro, iniciada en Grecia y continuada en Irlanda, no presenta ninguna excepción.
Sí, contiene conceptos etéreos como faltante fiscal o compromiso pública, que en apariencia no tienen nada que advertir con cuestiones cuantioso más terrenales que sí nos preocupan a todos, como el sueldo, la hipoteca o, sobre todo, el empleo
Pero precisamente todo esto es lo que está en juego por culpa de la inestabilidad que sufre ahora la zona euro. Porque sus consecuencias son de lo más reales.
La financiación pública y privada será más cara
El primer golpe lo están sufriendo los costes de financiación. Al final, que suba la cuenta de peligro de la compromiso de España significa que el Estado posee que pagar más dinero para financiarse en los mercados, es decir, para difundir la compromiso a la que debe recurrir para obtener los recursos que necesita para cubrir el faltante público. Y esto se traduce en dinero contante y sonante.
Así, la partida de los Presupuestos Generales de 2011 correspondiente al pago de los intereses de la compromiso se dispara un 18 por ciento, hasta los 27.400 millones de euros, con proporción a 2010. Vamos, unos 585 euros por español. O lo que es lo mismo, una cantidad equivalente a 2,5 de cada 100 euros que genera al año el conjunto de la hacienda española, una cifra que crecerá si se prolongan los problemas actuales. Un ejemplo. En la emisión de obligaciones a 10 período realizada por el Tesoro la semana pasada, pagó un interés medio del 4,61por ciento.
Si la tuviera que sacar adelante ahora, el costo alcanzaría el 5,05por ciento. Este aumento provoca que por cada millón de euros, el Estado destinaría 50.500 euros al pago de intereses, 4.400 más que hace una semana.
¿Y todo esto qué implica? Pues algo muy simple: el Gobierno ya no podrá aplicar el dinero destinado a devolver la compromiso para otros emprendimientos públicos (infraestructuras, colegios, I-D+i…), algo que repercute en el conjunto de la sociedad.
En paralelo, si al Estado le sale más caro financiarse, al sector privado le ocurrirá lo mismo. Y si la carga financiera de las organizaciones y los entidades financieras crece, ese aumento o bien mantendrá ‘cerrado’ el grifo crediticio hacia los hogares o bien lo encarecerá. Ambos, efectos negativos para las economía personales.
Tarde o temprano… pagará más impuestos
Si cuando escucha, ve o lee noticias de la inestabilidad de la compromiso soberana posee la atracción de mirar para otro lado, piénseselo dos veces. Porque esos problemas de los denominados países periféricos depararán que, tarde o temprano, usted acabará pagando más impuestos, bien sean directos (los que se cargan sobre su trabajo) o indirectos (los vinculados al consumo).
¿Por qué? Porque España ha adquirido el promesa de bajar su faltante fiscal desde el 9,3por ciento al que finalizará aproximadamente en 2010 hasta el 3 por ciento en 2013. Y ese esfuerzo, en un contexto en el que también cada vez resulta más difícil -y, sobre todo, más caro- financiarse en los mercados, provocará que el Gobierno busque más vías de ingresos. Como los impuestos.
La recuperación económica será más lenta
Otro impacción directo sobre el bolsillo: esta inestabilidad alargará las consecuencias de las serias problemas que atraviesa la hacienda desde 2007. O dicho de otro modo: demorará la recuperación.
Si los ciudadanos tienen menos dinero en el bolsillo porque deben pagar más impuestos o porque la nueva financiación que consigan resultará más cara, el consumo se resentirá.
Lo mismo ocurrirá con las empresas. Si suben sus costes de financiación y no crece su facturación, retrasarán las inversiones y, por tanto, la creación de empleo. En resumen, la inestabilidad se alarga.
Menos ‘efecto riqueza’
En noviembre, el importe bursátil de las compañías de España ha menguado en 55.000 millones de euros. Y eso reduce la riqueza de las personas que tengan parte de sus ahorros en la bolsa.
Lo mismo ocurre con otras inversiones, como los fondos de interés fija. Es decir, la rentabilización del ahorro se ve penalizada. Otro problema para los hogares.
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